LOS CARTELES DE LA FERIA

ARTÍCULO DE OPINIÓN

Los mentideros taurinos no los constituyen ya las barras de las tabernas. La tecnología se impuso y los grupos de WhatsApp son los que arreglan ahora el toreo. Hacen y deshacen carteles, critican a éste o al otro empresario o encumbran a su torero predilecto cual mandamás de la Fiesta. Algunos de sus integrantes van a la plaza, otros simplemente están al día por gracia o por desdicha de las redes sociales, que sustituyeron a las corridas televisadas en abierto como foco de proyección de la tauromaquia más allá del aficionado cabal. En fin, es lo de siempre, solo que los medios de vino y las cañas como testigos mudos de horas de charlas y debates se tornaron en tal tecla o en airoso comentario en forma de audio de los dichosos teléfonos móviles…

 

Anoche se presentaron los carteles de la feria de Córdoba y anda el taurineo cordobita como loco rajando tela del asunto.

 

José María Garzón, envolviendo el “regalo” como sólo él sabe, organizó un encomiable acto en el mejor escenario posible, el Gran Teatro de Córdoba. Allí se cantó por bulerías, se aflamencó la letra del pasodoble Manolete, hasta se bailó al hulajop o como se escriba y Lombo cantó por Sevilla y por sevillanas loando al gran Manuel Pareja Obregón. Ahí es nada… Y, además de todo ello, José María Garzón, presentó con una antelación inaudita y mil veces demandada, los carteles de la feria. ¡Bien, torero, bien!

A falta de un nombre en la corrida del domingo, se conocían los actuantes desde tiempo atrás. Las redes, otra vez… Y quizá alguna barra de algún bar.

 

Una novillada en mano a mano, un festejo mixto y una corrida de toros. Una sola corrida de toros en una plaza con 14.000 de aforo que ya hace mucho que olvidó los años de vino y rosas. No critico a Garzón la extensión de la feria. “Córdoba no da para más”, es el comentario clásico de los últimos tiempos ¿no? ¿O realmente Córdoba sí da para más? Es a lo que vino el empresario sevillano ¿cierto? Cinco temporadas. Cuatro ferias. Creo que es tiempo suficiente para haber conseguido o, al menos intentado, que Córdoba diera para más. ¡Tan sólo un poquito, hombre! Una novillada y dos corridas. Ahí llevamos estancados poco más de un lustro. ¿Cómo era aquello del viaje y las alforjas?

 

-¡Oiga, pero es que Garzón ha traído los cinco años a Morante!

-Además, en las cuatro ferias ha venido Roca Rey.

-¡¡Eh, eh, es que fue la única plaza de primera que dió una corrida de toros en plena pandemia!!

¡¡Ole sus huevos!! Y yo, que se lo alabo, como tantas cosas buenas que ha hecho. Pero esto suena ya a la recurrente nostalgia del imperio de los califas de la torería para demostrarnos lo importante que es o ha sido Córdoba en la historia del toreo.

 

El cincuentenario coso de Ciudad Jardín no se llena desde la segunda etapa de José Tomás. Caldas lo anunció tres ferias consecutivas, aunque en 2010 no pudo torear por la terrible cornada de Aguascalientes. El último lleno aparente fue en la feria de 2011, aquella histórica campaña del mejor Manzanares, que se anunció con Ponce y Morante y dio un auténtico recital con corte de cuatro orejas y un rotundo trofeo “Manolete” que se fue para Alicante. Desde entonces hemos ido cayendo y cayendo hasta que llegó Garzón. Yo creí en él, como tantos buenos aficionados cordobeses, que haberlos “haylos”, ¡que sí! Creo que se ha involucrado y la pasada feria, de no ser por el aplazamiento de la corrida estrella del sábado con Morante, Roca y Ortega (¡¡cartelasso, primo!!) al domingo por la mañana, hubiese conseguido una de las mejores entradas de los últimos tiempos. Pero este año merecía Córdoba ese pasito adelante. Subir ese escalón para demostrar de verdad que yo he venido aquí a recuperar a esa afición dormida. A volver a ilusionar, no sé. Con seis puestos para matadores en dos tristes, por solitarias, corridas de toros ¿ocupo dos de ellos con un rejoneador y un novillero que mata tres novillos una semana antes?

 

Incurriremos en el tópico tabernario: él se juega sus cuartos y sabrá lo que hace. Aquel “en mi hambre mando yo” de Joselito Arroyo. Pero, desde luego, no es el mesías que pensábamos y el que anhela Córdoba. Puede que sí, que Córdoba no tenga remedio o que, efectivamente, no de para más… Mientras tanto, y aunque poco, nos vemos en los Califas. Y en las barras de los bares.

Autor: Antonio Fuentes.

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